«La literatura son los subtítulos de la vida»

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VICTORIA M. NIÑO. Emprendió el camino inverso a los narradores al uso, de la novela al cuento para instalarse en él desde hace una década. Emilio Gavilanes (Madrid, 1959) reconoce en sus dos primeras novelas la constante de su pluma, la «estructura fragmentaria, atomizada». 'La primera aventura' y 'El bosque perdido' (ambas en Seix Barral) fueron sucedidas por varias colecciones de cuentos. 'El reino de la nada' (Menoscuarto) es la última. Casi la mitad de los relatos recogidos por la editorial palentina formaron parte de 'La tabla del dos', un libro de cuentos que ganó el Premio NH (2004) al mejor libro inédito del género, que llega ahora al público.
Si el fondo del universo literario lo pueblan personajes y emociones, un tiempo pretérito del campo castellano y la infancia señorea en la forma la brevedad. «Siempre me gustó decir lo que quiero contar en el menor espacio posible», afirma este filólogo al servicio de la RAE y discípulo de Gracián. Tanto en la lectura como en la escritura considera que el cuento le «va a su temperamento» y también «al ritmo de vida actual. Cuando escribes cuentos pueden ir creciendo poco a poco, aunque lo tengas en la cabeza se puede coger y dejar. En cambio con una novela, es un drama dejarla una semana, pierdes al personaje. A mí se me paran». Reconoce que tiene «dos o tres novelas empezadas» que espera retomar y acabar algún día, pero «para mi manera de ver y escribir las cosas, la técnica ideal es la fragmentaria, como en puzle, piezas que luego componen un todo juntas pero tienen un sentido propio por separado». Entre las dificultades, la necesidad de crear un mundo para cada personaje apenas vislumbrado por el lector en muchos casos, pero necesario para el autor. «La síntesis del cuento resulta dramática a veces. Despachas diez años de la vida de un personaje en dos líneas».
Los cuentos de 'El reino de la nada' tienen en común «un cierto tono moral, una especie de compasión que flota en ellos. En cuanto a la forma, todos están escritos en primera y tercera persona». Gavilanes, que gusta de regurgitar un tiempo conocido por su familia sanabresa, revisita La Carballa en un par de relatos, en otros dos se cuela entre los fantasmas de la Guerra Civil, y la enfermedad a destiempo, la que siega vidas en plenitud, también está presente en este volumen. «La enfermedad es el límite de la vida, que procuran una manera de enfocar un drama. Como la muerte o sus proximidades, me permite una técnica de

 

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