Nombres de colores

 Nombres de colores

 INDEPENDIENTEMENTE de que la percepción de los colores sea un fenómeno subjetivo y de que el color varíe según la cantidad de luz del ambiente y la distancia a la que se encuentra el objeto, el español dispone de diferentes medios lingüísticos para expresar el color de las cosas.

El recurso más frecuente consiste en utilizar un nombre de color que designe con precisión la cualidad cromática que se pretende describir. En este caso el nombre del color funciona como adjetivo, por lo que se usa la forma masculina o femenina (si es de dos terminaciones), en singular o en plural, según sea el género y el número del nombre al que modifican. Así, decimos una caja roja, el coche verde, las sandalias amarillas o unos zapatos negros.

Cuando el adjetivo de color se muestra por sí mismo insuficiente para definir con precisión la tonalidad cromática del objeto, es decir, cuando se quieren designar matices, se recurre con frecuencia a otro adjetivo (como claro, oscuro, pálido, intenso, vivo, brillante) que modifica y clasifica al primero. En estos casos el uso mayoritario es que ambos adjetivos (el de color más el modificador o clasificador) se muestren invariables en masculino singular (incluso cuando hacen referencia a un nombre femenino), porque se presupone la elisión del nombre color, que es de género masculino y singular en cuanto al número: una flor rojo pálido, unos pantalones rojo vivo, una gabardina marrón claro, unas zapatillas marrón oscuro, una falda verde claro.

No obstante, en el habla coloquial se oyen con frecuencia construcciones en las que tanto el primer miembro del compuesto (el nombre propiamente de color) como el segundo (el modificador) aparecen en femenino y/o en plural y no necesariamente en concordancia. Me refiero a ejemplos del tipo: tres pañuelos blancos pálidos (concordancia en número del nombre de color y del modificador con pañuelos); dos corbatas rojas oscuras (concordancia en género y número del nombre del color y del modificador con corbatas); tres pañuelos blanco pálidos (concordancia solo del modificador); tres pañuelos blancos pálido (concordancia solo del nombre del color); dos corbatas rojas oscuro (concordancia solo del nombre del color) o dos corbatas rojo oscuras (concordancia solo del modificador).

Seguramente a muchos de ustedes les suenan bien construcciones como una chaqueta marrón clara o una falda verde oscura y se preguntarán si está bien o mal dicho. En principio, estas formaciones van por camino distinto al del uso mayoritario (una chaqueta marrón claro, una falda verde oscuro), pero la RAE señala, en el Diccionario Panhispánico de Dudas, que es también posible la concordancia en femenino, así que son aceptables. Sin embargo la institución académica no dice nada a propósito de la concordancia en plural, aspecto que sí trató en su gramática Salvador Fernández Ramírez. Para este gramático, las formaciones (extraídas de ejemplos literarios) ojos azul verdosos y flores azul pálidas, en las que el segundo elemento concuerda en plural con el nombre, sí serían aceptables, aunque resulten completamente anómalas, igual que los ejemplos del párrafo anterior.

Si me lo permiten, mi consejo es que, ante la duda, se adhieran al uso mayoritario, es decir, adjetivos en masculino singular, invariables en género y número. I El nombre del color funciona como adjetivo y se usa la forma masculina o femenina

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