Nombres ambiguos

 Nombres ambiguos

 Es algo conocido por todos que uno de los rasgos de los nombres comunes, frente a los nombres propios, es el de poseer género gramatical y que según el género estos pueden ser masculinos o femeninos. Así, por ejemplo, pared tiene como propiedad inherente el género femenino y cuaderno tiene como propiedad inherente el masculino. Esto implica que los nombres femeninos, independientemente de que tengan o no desinencia propia, han de combinarse con determinativos y adjetivos (cuando estos sean de dos terminaciones) femeninos y los nombres masculinos con determinativos y adjetivos masculinos.

Pero hay una serie de nombres que designan objetos o realidades –casi siempre no sexuadas o inaninadas– que contienen los dos géneros sin que el uso de uno u otro dé lugar a realidades diferentes o implique cambios de significado. Son los nombres (o sustantivos) ambiguos en cuanto al género.

Los hablantes nativos tenemos un conocimiento implícito del género de los nombres. Prueba de ello es que son rarísimas las ocasiones en las que nos equivocamos al combinar los nombres con adjetivos o determinativos. No obstante, en alguna ocasión habrán escuchado o leído el azúcar y en otro momento la azúcar, y se habrán preguntado –con razón– si hay que decir el azúcar o la azúcar. Pueden optar por cualquiera de las dos soluciones porque azúcar (el que ponemos en el café para endulzarlo) es un nombre ambiguo en cuanto al género.

¿Cuántos nombres de este tipo hay? Afortunadamente, no demasiados. En la 22ª edición del diccionario académico (edición electrónica 2003) aparecen registrados un total de 105 nombres con esta marca (amb.). Entre ellos destacamos ábside, aguafuerte, alfoz, ánade, anatema, aneurisma, apóstrofe, armazón, arte, azúcar, bajante, blazer, canal, casete, cobaya, cochambre, delicatessen, doblez, dote, duermevela, enzima, esperma, fueraborda, herpe/herpes, hojaldre, interrogante, interviú, lavaplatos, lavavajillas, lente, linde, mar, margen, mimbre, monzón, mousse, orden, pastoral, pelambre, pringue, pro, psicoanálisis/sicoanálisis, radio, rara avis, reuma/reúma, teletipo, testuz, tilde, tizne, trípode, túrmix, vertiente, vodca/vodka. Como podemos comprobar, de ellos solamente ánade y cobaya designan seres animados.

No hay ninguna regla que nos permita reconocer un nombre como ambiguo, pero, en general, según el recientemente aparecido ‘Diccionario panhispánico de dudas’ (2005), «la elección de uno u otro género va asociada a diferencias de registro o de nivel de lengua, o tiene que ver con preferencias dialectales, sectoriales o personales». Así, en el caso de el mar o la mar, el uso del femenino es más frecuente entre personas que viven del mar o en el mar como pescadores o marineros, los que se hacen a la mar cada día, faenan en alta mar o hablan de la mar en las tascas del puerto.

Por otro lado, los nombres ambiguos no han sido siempre los mismos a lo largo de la historia de la lengua. El caso de la palabra calor es ilustrativo: en la 21ª edición del Diccionario académico (1992) aparece registrada como ambigua en cuanto al género, pero en muchas zonas de habla hispana el femenino (la calor) se siente como vulgar y en zonas de Andalucía lo usan personas de estrato sociocultural elevado. La RAE, en la última edición del Diccionario, la registra como masculina sin hacer ninguna referencia al femenino. En el Diccionario panhispánico de dudas, en la entrada correspondiente, puede leerse: «Es voz masculina en la lengua general culta. Su uso en femenino, normal en el español medieval y clásico, se considera hoy vulgar y debe evitarse. El femenino puede aparecer también en textos literarios, con finalidad arcaizante».

La única manera de saber si un nombre es o no ambiguo en cuanto al género es acudir al diccionario, pero no debemos austarnos si, al manejar dos o más diccionarios distintos, comprobamos que la información no coincide. Muchos nombres de este tipo se decantan en el uso bien por el femenino (como la tilde, la dote, la cochambre, la enzima, la lente, la linde, la pastoral, la pelambre, la vertiente o la túrmix) o bien por el masculino (como el ábside, el aguafuerte, el alfoz, el aneurisma, el canal, el esperma, el hojaldre, el monzón, el mimbre, el psicoanálisis, el pringue, el lavaplatos, el lavavajillas, el tizne o el teletipo), por lo que no puede resultarnos extraño que los diccionarios denominados ‘de uso’ registren solamente el uso más general.o.

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