Los préstamos

En todas las lenguas del mundo se da un fenómeno según el cual los hablantes toman de otras lenguas palabras o expresiones que no tienen en la suya para designar objetos y acciones que han incorporado a su forma de vida y a su concepción del mundo. Esto se conoce como extranjerismo o, más técnicamente, como préstamo léxico.
          

  Existen, al menos, dos formas de integrar en la lengua los préstamos: a) sin alteración de ningún tipo; y b) adaptándolos en mayor o menor grado a la estructura de la lengua receptora.
           

En el primer caso se acepta el término extranjero con fidelidad a su forma original. En español lo normal es escribirlo en letra cursiva (también conocida como itálica o bastardilla).
           

Tal vez alguno de ustedes, al consultar el Diccionario académico, se haya sorprendido por encontrar algunos términos en cursiva. La RAE, en el Diccionario de la lengua española (22ª edición), dentro del apartado ‘Advertencias para el uso del diccionario’, señala que los extranjerismos figuran en letra cursiva «cuando su representación gráfica o su pronunciación son ajenas a las convenciones de nuestra lengua». Es el caso, por ejemplo, de rock (estilo musical o baile), blues (canción o estilo musical) o holding (sociedad financiera que posee o controla la mayoría de las acciones de un grupo de empresas). Y se registran en su forma original, con letra redonda, «si su escritura o pronunciación se ajustan mínimamente a los usos del español, como es el caso de club, pizza o airbag –pronunciados, generalmente, como se escriben–».
           

La otra posibilidad de integrar los préstamos consiste en adaptarlos. Esta adaptación puede ser fónica –con la consiguiente repercusión ortográfica– (como en sándwich, chalé o escáner) y también morfológica (como en zapear o en sandwichería, para designar, respectivamente, la acción de cambiar reiteradamente de canal de televisión por medio del mando a distancia y el establecimiento donde se elaboran y se venden principalmente sándwiches).
Algunas muestras de este tipo de adaptación son: a) Los vocablos que en inglés (lengua de la que provienen la mayoría de los préstamos contemporáneos) tienen s líquida en inicial de palabra y a los que en su adaptación al español se les antepone la vocal e (esnob, estándar); b) La ausencia de palabras terminadas en t en español favorece los resultados restaurante, chalé o carné, procedentes de los vocablos  restaurant, chalet o carnet; c) Los vocablos terminados en –aje procedentes de palabras francesas en –age, como garaje o bagaje (de garage y bagage).
           

Los procesos de adopción y posterior adaptación de los vocablos procedentes de otras lenguas son en realidad muestras de la creatividad léxica que poseen los hablantes. A quienes muestran reticencia o cautela ante los préstamos, puede que les tranquilice saber que palabras tan frecuentes y comunes hoy en nuestra lengua como cacahuete, alpaca, chocolate, patata o tomate, se incorporaron en el siglo XVI al español. Lo cierto es que la historia de las lenguas muestra que ninguna se ha visto libre de préstamos.

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