La acronimia

La acronimia es un procedimiento para la formación de palabras que originariamente consistía en la unión de letras o sílabas del principio y del fin de dos o más palabras que formaban una expresión. El nuevo vocablo resultante recibe el nombre de acrónimo. La palabra ‘acronimia’ está compuesta por las voces griegas: akros (extremo) y ónoma (nombre) y su significado etimológico es el de ‘palabra formada con los extremos de palabras’.
    Muchos términos del español se han formado de este modo. Así, por ejemplo, la palabra ‘autobús’ se formó por acronimia de automóvil y ómnibus. El mismo procedimiento interviene en ‘apartotel’ (apartamento + hotel), en ‘telemática’ (telecomunicación + informática), en ‘teleñecos’ (televisión + muñecos) y en ‘ofimática’ (oficina + informática).
    En la actualidad también se consideran acrónimos los vocablos formados por la unión de elementos de dos o más palabras. Y tanto da que las palabras sean españolas o de procedencia extranjera. ‘Sónar’, por ejemplo, que designa el aparato que permite la detección y localización de objetos, procede de ‘sound navigation and ranging’ (navegación y localización por sonido); en América del Sur al Mercado Común del Sur se lo conoce como ‘Mercosur’; ‘láser’ designa el dispositivo electrónico que, basado en la emisión inducida, amplifica de manera extraordinaria un haz de luz monocromático y coherente y procede de ‘light amplification by stimulated emission of radiation’; el término ‘radar’ procede de ‘radio detecting and ranging’ (detección y localización por radio); ‘frontenis’ de frontón + tenis; ‘transistor’ de transfer + resistor; ‘telediario’ de televisión + diario; y ‘módem’, que designa el aparato que convierte las señales digitales en analógicas para su transmisión, o a la inversa, de modulation + demodulation.
    También son acrónimos las siglas que se pronuncian como una palabra. En una primera fase suelen aparecer escritas con mayúsculas, por su originaria condición de siglas, pero cuando se incorporan al léxico común de la lengua se escriben con minúsculas. Es el caso de, por ejemplo, ‘sida’ (síndrome de inmunodeficiencia adquirida), ‘ovni’ (objeto volador no identificado), ‘nodo’ (noticiarios y documentales) –para designar el documental que se exhibía antes de la proyección de las películas en las salas de cine de España entre 1946 y 1976–, ‘opa’ (oferta pública de adquisición), ‘talgo’ (tren articulado ligero Goicoechea Oriol), ‘tac’ (tomografía axial computerizada), ‘pyme’ (pequeña y mediana empresa), ‘uvi’ (unidad de vigilancia intensiva), ‘uci’ (unidad de cuidados intensivos), o ‘vip’ (very important person), –que designa a la persona importante por su posición social o económica–.
Algunos acortamientos de nombres compuestos de persona han seguido este modelo: Anabel (de Ana Isabel), Maribel (de María Isabel), Marisa (de María Luisa), Malena (de María Elena o de Magdalena), Juanma (de Juan María), etcétera.
    Una vez incorporados al léxico común, los distintos tipos de acrónimos (que se leen como se escriben, es decir, sin desarrollar los elementos abreviados) forman el plural siguiendo las reglas generales de su formación: autobuses, apartoteles, radares,  transistores, módems (y no módemes), ovnis, nodos, opas, tacs, pymes, uvis, ucis, vips. Del mismo modo se comportan los nombres propios de persona: las Anabeles /  las Maribeles / las Malenas / los Juanmas de esta familia.
Además, desde el punto de vista ortotipográfico, admiten su división con guion de final de línea y se someten a las reglas de acentuación gráfica en español: lá- / ser, ra- / dar, ov- / nis, etcétera.
Los acrónimos suelen omitir para su formación los artículos, las preposiciones y las conjunciones que aparecen en la denominación completa, excepto si son necesarios para facilitar su pronunciación, como en ‘pyme’.

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