Impropiedades léxicas: Valorar y adolecer

 Impropiedades léxicas: Valorar y adolecer

 Es bastante frecuente que los hablantes utilicen algunas palabras con significados o matices significativos que nos les corresponden o no les son propios. A este tipo de errores se les conoce como imprecisiones o impropiedades léxicas.

Los porqués apuntan al desconocimiento del significado exacto de la palabra (algo que muy fácilmente podría ser subsanado con la consulta de algún diccionario), a la semejanza formal, fónica o etimológica entre palabras, o también a una tendencia pretendidamente cultista a estirar las palabras, a inflar innecesariamente el discurso con términos más rimbombantes, ostentosos, grandilocuentes o llamativos.
Esta semana nos ocuparemos de dos impropiedades léxicas que tienen que ver con los verbos valorar y adolecer.

Uno de los significados de valorar es atribuir valor a algo o señalar el valor de algo o de alguien teniendo en cuenta diversos elementos o juicios. En el ejemplo Un peritaje valora la finca rústica en poco dinero, es el dinero el elemento que se considera; la respuesta a la pregunta ¿En cuánto han valorado la casa? suele estar relacionada también con el dinero; mientras que en Los técnicos tienen métodos para valorar las empresas, lo que se tiene en cuenta son los métodos.

Si se trata de hacer que una cosa aumente su valor, es correcto usar valorar, aunque sean más frecuentes los verbos valorizar y revalorizar. Se puede decir Las acciones no se han valorado desde que empezaron a cotizar en bolsa, aunque se prefiera Las acciones no se han revalorizado desde que empezaron a cotizar en bolsa.

También se usa valorar para reconocer, apreciar o estimar el valor o mérito de alguien o de algo, es decir, para determinar su validez o su valía. En los criterios de valoración de un proyecto podría ser pertinente valorar el tamaño y la composición del grupo, así como su carácter interdisciplinar. Una empresa puede valorar el esfuerzo de los trabajadores y puede valorarse también la actitud, la capacidad, la competencia, la inteligencia, el mérito o el talento de alguien, en suma, su valía. Con este significado funciona como sinónimo de estimar o apreciar.

Con esta última acepción, puesto que se valoran aspectos positivos (mérito, talento, capacidad, valía, etcétera), son impropias tanto la valoración positiva –por redundante– como la negativa –por absurda–. Así, resulta incorrecto desde el punto de vista léxico valorar positivamente y valorar negativamente porque valorar implica dar valor a algo en un concepto positivo. En consecuencia, es una redundancia que la empresa valore positivamente el esfuerzo de los trabajadores y una contradicción que valore el mismo esfuerzo negativamente.

No obstante, en los usos lingüísticos de los hablantes encontramos muchos ejemplos en los que se valora todo y, además, en muchas ocasiones positiva o negativamente. Por ejemplo: Valoraré tu propuesta y te daré una respuesta mañana; El gobierno valorará la propuesta de mediar en el conflicto bélico; Se trata de valorar positivamente las dificultades que inevitablemente acompañan a todo comienzo; El ministro de Economía ha valorado negativamente los resultados financieros; La crítica ha valorado negativamente la última etapa del pintor; Valoraron positivamente la abstención del grupo socialista.

Es equivalente a tener en cuenta algo, examinando con atención las ventajas e inconvenientes, para determinar su importancia. Con esta acepción, que no está recogida en la última edición del Diccionario académico, se usa valorar en vez de evaluar, considerar, analizar, observar, examinar, estudiar, etcétera; valorar positivamente en vez de aprobar, manifestar su acuerdo, mostrar conformidad, mostrar satisfacción, etcétera; y valorar negativamente en vez de rechazar, reprobar, manifestar su desacuerdo, mostrar disconformidad o estimar insatisfactorio.

Sobre este uso vienen llamando la atención los libros de estilo. En la última edición del Manual de español urgente de la Agencia EFE, leemos: «Hoy todo se valora, positiva o negativamente, y nada se estima satisfactorio o se aprueba; nadie muestra su conformidad ni manifiesta su acuerdo; nada se rechaza, se considera reprobable o se estima insatisfactorio; nadie expresa su desacuerdo o su disconformidad. El vocablo valorar se está empleando, incorrectamente, como sinónimo de analizar y estudiar».
Adolecer tiene dos significados en la actualidad: a) tener, padecer o sufrir algún defecto, carencia o vicio y b) padecer una enfermedad. Exige un complemento (precedido de la preposición de) que exprese el defecto, la carencia, la imperfección, el vicio o la falta: La política industrial adolece de falta de un marco jurídico, El ordenador adolece de serios defectos del sistema, Su trabajo adolece de los errores de siempre, El partido siempre ha adolecido de los vicios propios de una organización formada desde el poder, Adolece de insomnio. No se puede adolecer de algo positivo.

Carecer significa no tener alguna cosa, estar sin algo o tener falta de algo.

Precisamente aquí reside el problema de la confusión entre el verbo adolecer y el verbo carecer: cuando el complemento de adolecer no es un defecto, carencia, imperfección o vicio. Se dice a veces que una investigación adolece de rigor (lo deseable es que una investigación sea rigurosa), que un pueblo adolece de escuela (algo positivo, creemos, para un pueblo), que un partido político adolece de organización, que un hospital adolece de los servicios necesarios, que un profesor adolece de conocimientos sobre el tema que explica, etc. En estos casos hay que decir: La investigación carece de rigor o adolece de falta de rigor; El pueblo carece de escuela, no tiene escuela o adolece de falta de escuela; El partido político carece de organización o adolece de falta de organización; El hospital carece de los servicios necesarios o adolece de falta de los servicios necesarios; El profesor carece de conocimientos, no tiene conocimientos o adolece de falta de conocimientos sobre el tema que explica.

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