Impropiedades léxicas: deleznable y lectura

 Impropiedades léxicas: deleznable y lectura

 No es, por desgracia, infrecuente que se dejen caer en nuestros discursos algunas palabras con significados o matices significativos que nos les corresponden o no les son propios. A este tipo de errores se les conoce como imprecisiones o impropiedades léxicas.
Los porqués apuntan, por un lado, al desconocimiento del significado exacto de la palabra (algo que muy fácilmente podría ser subsanado con la consulta de algún diccionario); por otro, a una tendencia pretendidamente cultista a estirar las palabras, a inflar innecesariamente el discurso con términos más rimbombantes, ostentosos, grandilocuentes o llamativos; y, finalmente, a la semejanza formal, fónica o etimológica entre palabras.
Algo es deleznable cuando es despreciable y no merece ser tenido en consideración (Esta práctica política es deleznable; Este director junto a películas deleznables ha producido obras maestras que es preciso recordar) o cuando es inconsistente porque se rompe, se disgrega o se deshace fácilmente (Ante materiales de distinta resistencia se erosionan las partes más deleznables mientras resaltan las zonas más resistentes). Utilizar deleznable por rechazable, reprobable, condenable o digno de repulsa (como en Los actos terroristas son deleznables o Para algunos turistas las frituras son algo deleznable) es una impropiedad léxica.
Otro caso de este tipo es utilizar lectura como sinónimo de interpretación, deducción o consecuencia. Es una impropiedad léxica, aunque se utilice, que alguien haga lecturas diferentes de la alineación que el entrenador de un equipo ha propuesto. Lo adecuado y oportuno es que la gente opine o saque sus propias conclusiones sobre el hecho en cuestión. Si leemos o escuchamos que la actuación del presidente de una empresa tiene dos (o más) posibles lecturas, hemos de deducir que dicha actuación tiene dos interpretaciones o que sus consecuencias podrían ir, al menos, en dos direcciones distintas.
En el hecho de presentar estos dos ejemplos como impropiedades léxicas no nos ha guiado el afán purista, sino el de informar sobre la ausencia de una determinada acepción en la última edición del diccionario académico (edición electrónica, 2003). De hecho, en algunos casos no es un fallo de quien habla, sino del diccionario académico, que no ha recogido o registrado usos arraigados en la lengua. Sirva como ilustración el último caso: En el diccionario de la RAE encontramos el matiz de ‘interpretación’ en la acepción tercera, pero solo para el sentido de un texto. El Diccionario de uso del español de América y España (2003) recoge, también en la acepción tercera de la palabra lectura, «Interpretación del sentido de un texto, de las palabras o de un hecho concreto», con un ejemplo suficientemente representativo: «La situación actual de la selección da lugar a numerosas lecturas». Esto quiere decir que este último diccionario ha llenado una laguna y que, puesto que se trata de un uso común y arraigado (según hemos podido comprobar en el Corpus de Referencia del Español Actual de la RAE), el diccionario académico debería llenarla también o, en caso contrario, llamar la atención y proscribir su uso.

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