El sufijo –cida

 El sufijo –cida

 Los prefijos y sufijos son morfemas que modifican el significado de la voz a la que se añaden para formar una palabra derivada. Los primeros se colocan al comienzo y los segundos van pospuestos a la palabra a la que modifican o a su base léxica (o raíz). Formalmente, salvo el prefijo ex–, se unen sin espacio ni guión intermedio.

Esta semana nos ocuparemos del sufijo –cida, de origen latino y bastante productivo en español, que entra en la formación de nombres y adjetivos agentivos con el significado de ‘matador’, ‘exterminador’, ‘destructor’ o ‘que mata, extermina o destruye’.
Una sustancia acaricida es una sustancia que sirve para matar ácaros. Podemos adquirir en el mercado un insecticida (sustancia química que mata insectos) con acción acaricida específica contra las arañas. Un producto bactericida es el que destruye las bacterias. Una sustancia química que se emplea para matar organismos vivos o para detener su desarrollo es un biocida. La sustancia que sirve para quitar o eliminar los callos y las durezas de la piel recibe el nombre de callicida. La sustancia que inhibe la actividad de los espermatozoides es un espermicida (o espermaticida). Los hongos parásitos se destruyen con un fungicida (o con un funguicida). Una sustancia que destruye las bacterias o los gérmenes nocivos o perjudiciales se llama germicida. La sustancia química capaz de inhibir la germinación de las semillas es un germinicida. Los agricultores utilizan herbicidas para impedir el desarrollo de las hierbas perjudiciales que crecen en un terreno. Para matar las larvas de los parásitos hay que emplear larvicidas. El abrótano (planta también llamada boja, brótano, guardarropa, lombriguera o ulaguiño) es un efectivo lombricida (para matar lombrices). Una sustancia microbicida es la que mata los microbios. Para matar insectos y ácaros en la fase de huevo hay que emplear ovicidas. Un parasiticida es un producto para exterminar los parásitos. Los pesticidas o plaguicidas destruyen las plagas de animales y plantas. Un pediculicida es un producto químico que sirve para matar piojos. Para matar ratas y ratones o para, al menos, frenar su proliferación, existen en el mercado sustancias venenosas que reciben el nombre de raticidas. En medicina, la sustancia o producto que tiene la virtud de matar o expulsar las lombrices intestinales se denomina vermicida (o vermífugo).

Si se dan cuenta, hasta el momento el sufijo –cida lo hemos aplicado a términos que designan mayoritariamente animales o plantas. Y podríamos seguir: un producto o sustancia capaz de eliminar las algas o de impedir su desarrollo será un alguicida, algo que impida específicamente el desarrollo de las gramíneas un graminicida y un veneno específico que mate a las palomas podría llamarse palomicida o palumbicida (no hay que olvidar que paloma procede del latín vulgar palumba), aunque ignoro si tal producto existe en el mercado.

También este sufijo –cida resulta productivo en la formación de adjetivos y de sustantivos en los que tanto el agente como el perjudicado por la acción son personas. En el caso de los sustantivos, hay que advertir que son nombres comunes en cuanto al género, es decir, que si, por ejemplo, una mujer mata a su hermano o a su hermana, es una fratricida, mientras que si es el hombre el que comete fratricidio será un fratricida.
Los diccionarios registran etnocida (quien destruye un grupo étnico o su cultura), filicida (quien mata a su hijo), fratricida (quien mata a su hermano), genocida (quien extermina o elimina a un grupo social por motivo de raza, de etnia, de religión, de política o de nacionalidad), homicida (quien mata a una persona), infanticida (quien mata a un niño, especialmente a un recién nacido), magnicida (quien mata a alguien importante por su cargo o poder), matricida (quien mata a su madre), parricida (quien mata a un pariente próximo, en especial al padre, a la madre, a un hijo o al cónyuge), regicida (quien mata al monarca o a su consorte, o al príncipe heredero o al regente), suicida (quien se mata a sí mismo), tiranicida (persona que da muerte a un tirano), uxoricida (quien mata a su esposa) y conyugicida (cónyuge que mata al otro cónyuge).

Estos últimos ejemplos están en relación con otro elemento sufijal, –cidio, también de origen latino, que entra en la formación de nombres masculinos con el significado de ‘muerte’ o ‘asesinato’: etnocidio, filicidio, fratricidio, genocidio, homicidio, infanticidio, magnicidio, matricidio, parricidio, regicidio, suicidio, tiranicidio, uxoricidio, conyugicidio, etcétera. De ahí que los diccionarios tiendan a definir etnocida como quien comete etnocidio, genocida como quien comete genocidio, y así sucesivamente.

Si se fijan en la relación de parentesco que existe entre el asesino y la víctima, notarán que hay algunos términos que incluyen a otros, y viceversa. Por ejemplo, parricida es un término genérico que incluye a matricida, a fratricida, a uxoricida, a conyugicida, a filicida... porque la madre, los hermanos, la esposa o el cónyuge son parientes o familiares próximos. Conyugicida incluye a uxoricida y homicida incluye a casi todos. Y, por otro lado, carecemos de un término específico que designe a la mujer que mata a su marido y al hijo (o hija) que mata a su padre, así como las acciones correspondientes. Si seguimos, tampoco existe un nombre para el asesino del marido o del compañero de su madre ni para quien mata a la esposa o a la compañera de su padre.
Tal vez esta sea una de las razones por las que, cuando estas personas son, por desgracia, noticia, los medios de comunicación prefieran utilizar los genéricos homicida o parricida.

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