Apuntillar

 Apuntillar

 ESTA semana nos ocuparemos del uso -valga decir que impropio- de apuntillar por apostillar, bastante frecuente en conversaciones y tertulias no precisamente taurinas.

La primera acepción que encontramos en los diccionarios para el vocablo apuntillar es la que hace referencia a clavar la puntilla en la nuca del toro, ya caído por la herida del estoque, para rematarlo, con el fin de que tenga una muerte rápida. La puntilla es una especie de puñal corto para rematar a las reses y se conoce también con los nombres de cachete y cachetero.

Esta acción de rematar a las reses recibe, además, otras denominaciones, como dar la puntilla o acachetar.

Al toro herido de muerte también se le puede 'rematar' en las corridas de toros con el verduguillo (una especie de estoque corto y muy delgado que suele tener un tope fijo a unos diez centímetros de la punta). Este se clava en la cerviz del toro provocándole una muerte instantánea. La acción en este caso es descabellar o descordar.

En sentido metafórico o figurado, apuntillar se utiliza coloquialmente con el significado de 'rematar' y de 'acabar de estropear' o 'causar el fracaso definitivo de alguien o de algo', acepciones que también recogen los diccionarios. Como equivalente de rematar lo hemos encontrado en notas de prensa que recogen acontecimientos deportivos: «Entre unos y otros el Madrid no consiguió apuntillar, pese a tenerlo muy claro»; «Cuando las cosas no estaban claras en el juego interior, Henry apuntillaba desde más allá de la línea de 6,25 metros con cinco triples».

Como una desviación léxica hay que considerar el uso de apuntillar por apostillar, acepción que los diccionarios no suelen recoger.

Una apostilla es una nota que se añade a un texto escrito para completarlo, comentarlo o explicarlo. Es equivalente a acotación, anotación, observación, glosa o comentario. En el ámbito de la oralidad es a su vez una expresión verbal que hace una persona para completar, precisar, comentar o explicar lo dicho por otra o lo que aparece en un texto. Equivale a comentario u observación. A muchos de ustedes les vendrá a la memoria el título de la obra de Umberto Eco, Apostillas a 'El nombre de la rosa', en la que relata cómo escribió su novela.

Pues bien, el verbo correspondiente a la acción de añadir algún comentario o explicación a lo que otra persona dice es apostillar (y no apuntillar). Por tanto, son usos semánticamente desviados los siguientes, entresacados del Corpus de Referencia del español actual (CREA) de la RAE: a) «Va a tener que trabajar de lo lindo», vaticinaba Illescas al comienzo. «Quiere desorientar a sus adversarios», apuntillaba el gran maestro argentino Miguel Najdorf, una leyenda viva del ajedrez que a sus 87 años siguió las partidas con el entusiasmo de cualquier aficionado, y se unió a Illescas en las explicaciones; b) El esposo, a su lado, con enorme tristeza, apuntilló: «¿Qué le vamos a hacer!»; c) «Ha llegado el momento de un giro radical en la carrera de nuestro cliente», apuntillaron ayer los abogados que se ocupan de la defensa de Michael Jackson. En los tres casos debería haberse utilizado el verbo apostillar.

Y para terminar, una advertencia más: apuntillar tampoco debe usarse como sinónimo de comentar, ni de apuntar, ni de puntualizar, ni de aclarar.Más normas y recomendaciones para el uso correcto del castellano.

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