Algunas ultracorrecciones

Cuando los hablantes toman conciencia de los errores que cometen en su lengua materna, lo normal es que intenten subsanarlos en la medida de sus posibilidades. Para ello suelen seguir patrones o modelos que interpretan como idénticos.

Con mucha frecuencia las apariencias les juegan malas pasadas y, por exceso, corrigen, además de lo corregible, lo correcto. Como se dice vulgarmente, se pasan de listos.

Los niños, al comenzar a usar las formas del verbo ‘caber’, dicen ‘cabo’ (en vez de ‘quepo’) para la primera persona de singular. Paralelamente, los adultos los corrigen tratando de inculcarles que no hay que decir ‘yo cabo’ sino ‘yo quepo’. Una vez que el niño ha interiorizado la nueva forma (la correcta), tratará de aplicar el patrón regular al resto de las personas y producirán, en consecuencia, enunciados como, por ejemplo, ‘tú no quepes aquí’ o ‘mi hermano no quepe por esa puerta tan pequeña’. A quienes estén encargados de su educación no les queda otro remedio que volver a empezar.
¿Cuántas veces les han dicho o han leído que en contextos formales no debe decirse (ni mucho menos escribirse) ‘he escuchao’ (por ‘he escuchado’), ‘tejao’ (por ‘tejado’), ‘candao’ (por ‘candado’), ‘mercao’ (por ‘mercado’), ‘¡cuidao!’ (por ‘¡cuidado!’), ‘soldao’ (por ‘soldado’) o ‘condao’ (por ‘condado’) por sonar demasiado vulgar? Si un hablante interioriza que no hay que omitir la /d/ en estas terminaciones, tenderá a aplicar la regla a todas las terminaciones en /–ado/, y surgirán deformaciones como ‘bacalado’ (por ‘bacalao’), ‘Estanislado’ (por ‘Estanislao’) o ‘Bilbado’ (por ‘Bilbao’), por poner ejemplos que todos ustedes conocen.
Quienes tienen dudas con las palabras que llevan una ce (–c–) o dos ces (–cc–), tenderán a  escribir, por exceso,  ‘inflacción’, ‘medicción’ o ‘expedicción’ (en vez de las correctas ‘inflación’, ‘medición’ o ‘expedición’) por analogía con ‘acción’, ‘fracción’, ‘atracción’, ‘extracción’, ‘afección’, ‘infección’ o ‘lección’.
Muchos hablantes pronuncian /madríz/, /valladolíz/, /edáz/, /ciudáz/, /paréz/, etcétera, es decir, sustituyen la /–d/ final de palabra por /–z/. Si se les informa de que esta pronunciación es propia del habla descuidada e interiorizan esta información, algunos tratarán de adecuar su pronunciación y, de paso, por ignorancia, pronunciarán con /–d/ lo que deberían pronunciar con /–z/ en final de palabra, como /deslíd/ (por ‘desliz’), /antifád/ (por ‘antifaz’), /eficád/ (por ‘eficaz’) o /audád/ (por ‘audaz’).

La pronunciación cuidada de la letra equis en interior de palabra exige un esfuerzo articulatorio tal que una parte del grupo fónico /ks/ pertenece a una sílaba y la otra parte a otra sílaba distinta. De acuerdo con esto, la pronunciación correcta y cuidada de la palabra ‘taxi’ es /ták–si/ y no /tá–si/, la de ‘examen’ es /ek–sá–men/ y no /e–sá–men/, la de ‘proximidad’ es /prok–si–mi–dád/ y no /pro–si–mi–dád/ y la de ‘experto’ es /eks–pér–to/ y no /es–pér–to/. A pesar de esto, son muchos los hablantes que no realizan este esfuerzo articulatorio y bastantes los que realizan este esfuerzo donde no es necesario, como por ejemplo los que pronuncian /eks–pon–tá–ne–o/ (y tal vez escriban ‘expontáneo’) en vez de /es–pon–tá–ne–o/ (‘espontáneo’).

Este fenómeno de corrección innecesaria o de exceso de corrección se denomina en lingüística ultracorrección y consiste en utilizar una palabra equivocada por adaptarla al modelo que se considera correcto pero que en realidad no lo es.
Aunque se trata de un fenómeno incorrecto, la ultracorrección permite explicar el origen de muchas palabras. A propósito de ‘bacalao’, se sostiene que la palabra ‘bacalada’, en su acepción de ‘bacalao curado’, se ha creado a partir de la forma ultracorrecta ‘bacalado’.
En la mayor parte de los casos, los usos ultracorrectos suelen estar ligados a demostraciones de escasez cultural. No en vano se habla de la osadía de la ignorancia o de que la osadía es la madre del atrevimiento. En estos casos saber cómo funciona la lengua es de gran ayuda y, en caso de duda, lo más prudente (y lo exigible para los profesionales de los medios de comunicación) es consultar la gramática o el diccionario.

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