Acortamiento de palabras

 Acortamiento de palabras

 UNO de los recursos que ofrece la lengua para abreviar palabras –además de las abreviaturas y de los símbolos, de los que ya hemos hablado en esta sección– es el acortamiento. Consiste en la supresión de parte de los sonidos o sílabas de una palabra y de las letras correspondientes.

A diferencia de otros procedimientos de abreviación, el acortamiento no conlleva necesariamente la creación de una palabra nueva. El resultado (la palabra abreviada) suele ser otra forma de la palabra no abreviada, a menudo con marca sociocultural o contextual.

Sirvan como ejemplos los casos de auto (automóvil), bici (bicicleta), boli (bolígrafo), bus (autobús), busca (buscapersonas), cara (caradura), casete (radiocasete), celista (violoncelista), chacho (muchacho), chelo (violonchelo), chicano ‘ciudadano de los Estados Unidos de América perteneciente a la minoría de origen mexicano’ (mexicano), cine y cinema (cinematógrafo), cole (colegio), coca (cocaína), corto (cortometraje), cromo (cromolitografía), disco (discoteca), endocrino (endocrinólogo), estéreo (estereofónico), fácul (Facultad), fonendo (fonendoscopio), foto (fotografía), frontis (frontispicio), kilo (kilogramo), limpia (limpiaparabrisas), mate (jaque mate), Mates (Matemáticas), metro (metropolitano), micro (micrófono), mili (milicia), moto (motocicleta), mutua (mutualidad), narco (narcotraficante), otorrino (otorrinolaringólogo), peli (película), polio (poliomielitis), porno (pornográfico), profe (profesor), radio (radiodifusión), súper (supermercado), tele (televisión), termo (termosifón), trole (trolebús), turbo (turbocompresor), zoo (zoológico). Todos, excepto fácul, limpia (en la acepción que presentamos aquí), Mates y peli aparecen registrados en la última edición del Diccionario académico.

También en el español del otro lado del Atlántico son frecuentes las formas acortadas. En Argentina llaman subte (de subterráneo) al metro; en Nicaragua, en la década de los 80, el movimiento de oposición al gobierno revolucionario era la contra (de contrarrevolución); en Bolivia y en Chile llaman a la urraca cata (de Catalina, que es el apodo aplicado a esta ave); en Ecuador, sin embargo, cata (de catapulta) es el tirachinas; en Chile un cumpa (de compadre) es un amigo de gran confianza; en Venezuela un faculto (de facultativo) es un curandero; en El Salvador y en México el fonazo (de telefonazo) es la llamada telefónica; fula en Cuba (de fulastre) designa tanto el dólar estadounidense como la persona en la que no se puede confiar; impeque (de impecable) se aplica en Chile a algo perfecto y sin tacha; en Chile y en El Salvador peni (de penitenciaría) es la cárcel.

No es infrecuente que la forma acortada se convierta con el tiempo en la usada habitualmente por los hablantes, hasta el punto de que no se tenga ya conciencia de su origen. En estos casos, la forma plena o bien cae en desuso o adquiere nuevos significados. Puede resultar ilustrativo el caso de taxi, forma que surge por acortamiento de taxímetro, que ha pasado a designar el vehículo, mientras que taxímetro –la palabra plena– ha pasado a designar el aparato que calcula el coste del trayecto.

El acortamiento es un procedimiento que se da en todas las lenguas. De hecho, hay préstamos en español que proceden de acortamientos de palabras de otras lenguas. Es el caso de demo ‘versión demostrativa de un programa informático o de una grabación musical utilizada con fines de promoción’, fan, celo ‘cinta adhesiva’ y pop, que proceden del inglés (de demonstration, fanatic, cellotape y popular). Del euskera guiristino (con el significado de cristino) procede guiri, que en origen era el nombre con el que, durante las guerras civiles del siglo XIX, designaban los carlistas a los partidarios de la reina Cristina, y después a los liberales, en especial a los soldados del gobierno. Hoy designa al turista extranjero.

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