¿Se oye?

¿Han notado ustedes que últimamente todo se escucha y que se oyen muy pocas cosas? Me refiero concretamente a enunciados como En las casas de ahora las paredes son de papel porque se escuchan hasta los ronquidos de los vecinos; Los disparos se escuchaban por todas partes; Habla más alto, que no te escucho; De repente, se escuchó un ruido ensordecedor; No se escucha bien esta canción; etcétera.

Ejemplos como los anteriores chocan con mi competencia de hablante nativa y deduzco que estamos asistiendo a un uso –creo que abusivo– de escuchar en lugar de oír.

Escuchar, según recogen los diccionarios, es prestar atención a lo que se oye; y oír es percibir un sonido por medio del sentido del oído. La diferencia radica en que para oír algo lo único que se requiere es que no haya fallos en el sistema auditivo, mientras que para escuchar se requiere, además, intención, voluntad o atención. Las personas privadas del sentido del oído no pueden oír o, dependiendo del grado de sordera, lo hacen de forma imperfecta. El resto solo tiene que taparse las orejas si no quiere oír y dejar de prestar atención si no quiere escuchar.

Esto quiere decir que oír tiene un significado más amplio que escuchar: se puede oír sin escuchar pero no se puede escuchar sin oír. De ahí el uso tan generalizado de oír, se ponga o no atención, a lo largo de la historia de la lengua, uso comúnmente aceptado que se justifica por su amplitud significativa. Por eso se habla de los oyentes de la radio (o de los radioyentes). Esto no quita para que a veces puedan producirse enunciados ambiguos como Todas las mañanas oigo la radio. Podemos oír la radio sin enterarnos de lo que oímos (porque no somos sordos) o atendiendo a lo que se dice (estamos escuchando aunque digamos que oímos).

El caso contrario –que es el que hoy nos ocupa–, el uso indiscriminado de escuchar por oír, es un caso de impropiedad léxica porque la voluntariedad y la intención solo son aplicables a escuchar. Por tanto, las forma correcta de los ejemplos de arriba, siempre en ausencia de intención o voluntad, sería: En las casas de ahora las paredes son de papel porque se oyen hasta los ronquidos de los vecinos; Los disparos se oían por todas partes; Habla más alto, que no te oigo; De repente, se oyó un ruido ensordecedor; No se oye bien esta canción.

No obstante, en Hispanoamérica es muy frecuente el uso de escuchar por oír como algo sistemático. De manera que tal vez en el incremento de este uso algo tengan que ver los inmigrantes hispanoamericanos, hipótesis solo un estudio serio y riguroso sería capaz de confirmar.

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