Uso y norma del castellano

Nombres propios usados como comúnes (2)

La semana pasada hablaba de cómo los nombres propios se convierten en comunes al tomar las características de los nombres comunes, esto es, la capacidad de hacer referencia a seres o entes que comparten determinadas propiedades. Este procedimiento explica por qué una parte de nuestro vocabulario (los denominados epónimos) procede de nombres propios de personas o lugares.

Nombres propios usados como comúnes (1)

Una clasificación tradicional de los nombres es la que los divide en comunes y propios. El nombre común se caracteriza por clasificar a las personas, animales, cosas, cualidades, acciones, relaciones o sucesos según algunos rasgos comunes que los distinguen. En los diccionarios se definen por los rasgos más característicos que, a juicio de quien los elabora, caracterizan su contenido (esto explica en parte por qué las definiciones pueden variar de un diccionario a otro).

Palabras y expresiones deformadas

Esta semana nos ocuparemos del uso impropio de palabras o expresiones tomadas en lugar de otras de fonética similar, con consecuencias normalmente cómicas. Suele interpretarse como una especie de "lapsus linguae" que, en ocasiones y aunque parezca paradójico, puede ser voluntario. Utilizado como recurso retórico, su función fundamental es cómica; de ahí que se recurra frecuentemente a este modelo en los chistes.

Extranjerismos absolutamente prescindibles

En más de una ocasión he hablado en esta sección de cómo los hablantes de todas las lenguas toman de otras lenguas palabras o expresiones que no tienen en la suya para designar objetos y acciones que han incorporado a su forma de vida y a su manera de ver del mundo. Esto se conoce como extranjerismo o, dicho con un término más técnico, como préstamo léxico.

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